“Hugo tenemos que hablar”.

Confesiones a corazón abierto

(Capítulo 2)

Por: Patricia Bermejo

Cáceres, España

Son más de las tres de la tarde cuando llego a casa. Hugo está esperándome en el salón para comer. Me planta un beso enorme y me susurra al oído: “te quiero”. Yo no soy capaz de contestarle. Estoy echo polvo y no puedo ocultarlo. Fijo que se ha dado cuenta. Soy demasiado transparente.

Al rato como preveía me pregunta: “¿Mario estás bien?” Ando deambulando de acá para allá por los cincuenta metros de salón, pero no tengo escapatoria. Creo que ha llegado el momento de soltárselo todo. Voy a respirar hondo. Tengo que hacerlo con tacto para herirle lo menos posible. Es muy sensible y no quiero que sufra.

Me dirijo a él con voz temblorosa y le digo “Hugo tenemos que hablar”.  Su rostro palidece por momentos, se teme lo peor… Le tranquilizo y le digo que no tiene nada que ver con nosotros. Que es algo que llevo callando durante muchos meses y que me está matando en vida.

Hugo está aterrado, ni se imagina lo que va a suceder. Tirita como un niño pequeño cuando tiene frío. Le achucho para darle todo mi apoyo y que sienta mi cariño. Y le pido que se siente.

Cojo su mano mientras nos miramos fijamente a los ojos. Parece que el tiempo se detiene en ese momento y solo existimos él y yo. Comienzo mi relato. Le cuento que llevo más de ocho meses sufriendo un acoso laboral que no se le deseo ni a mi mayor enemigo.

Que la ilusión de mi vida que era ser policía se ha convertido en una auténtica pesadilla, que soy el hazmerreír del cuartel por el simple hecho de ser gay y que para colmo me han puesto una denuncia por consumo de estupefacientes. Hugo se queda a cuadros.

De repente una lágrima se asoma tímidamente por su mejilla. Pero no tarda en replicarme: “¿cari, por qué no me lo has contado antes?” La verdad es que no tengo una contestación coherente para darle. Quizás sobreprotección o tal vez falta de confianza. Estoy muy confundido y prefiero no meter la pata. Así que opto por encogerme de hombros.

La tarde transcurre entre sobresaltos y reproches. Los minutos parecen horas y las horas, segundos. Sé que lo he hecho mal, que no tengo perdón de Dios. Pero Hugo en lugar de echarme más mierda me muestra todo su apoyo. Es un bendito.

Después de un momento un tanto acalorado, llega la calma. Prometo no volver a fallarle. Pactamos ir juntos hasta el final. Queremos que la verdad salga a la luz y sobre todo que estos tipos paguen por lo que están haciendo.

Al caer la tarde nos damos cuenta de que el pescado se ha quedado medio tieso en la cocina. ¡Se nos pasó la hora de comer!

Nos reímos a carcajada limpia. El almuerzo es lo de menos porque lo importante es que me he quitado un peso de encima. Aunque aún queda tiempo para el juicio, el contar con el apoyo de mi pareja me refuerza.

Mientras continuaré con mi lucha diaria en el cuartel.

Por: Patricia Bermejo

Cáceres, España

  • Marketing online | IAB Spain2019 – 2019
  • Master’s degree, SEO | Desarrollo Seo2018 – 2019
  • Master’s degree, Community management | Fundación Uned2016 – 2016
  • Tourism | Salamanca Tourism School1996 – 1999

Producción: Eugenio Zorrilla.

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