vivía en permanente “modo avión”

Benditos Bichos

Por: Maria Ardila

Bogota, Colombia    


Era un día muy importante para Guillermo. Después de tres meses de terapias, de pintura, caminatas y sesiones de grupo, iba a ser dado de alta. Sus padres y hermana, llegarían por él, a las tres en punto de la tarde. Estaba ansioso y había empacado sus cosas, desde hacía dos noches.

Un domingo, siete meses atrás, su esposa, haciendo pereza en la cama y viendo una película, alcanzó a escuchar. – Voy a bañarme.

  • Dale – le contestó-  sin apartar la mirada del televisor. 

Esa relación estaba rota desde hace mucho, en parte, por la dificultad de la pareja de tener hijos.

Cuando se acabó la película, Sara se dio cuenta de que Guillermo no había salido del baño y empezó a llamarlo.                                        

 – ¿¿Guillermo??

– ¿¿GUILLERMO??

No hubo respuesta.

Sara se paró de un brinco de la cama, quiso abrir la puerta del baño y lográndolo sólo por unos centímetros, pudo darse cuenta de que su esposo estaba en el piso.

Después de llamar al número de emergencias, angustiada, tomó el citófono.    – SUBA RÁPIDO, POR FAVOR, ¡GUILERMO ESTÁ INSCONSCIENTE!

El todero del edificio logró entrar al baño, arrastró con dificultad al hombre de 80 kilos a la habitación y, pudo ver varios frascos, vacíos, de medicinas psiquiátricas que le habían recetado. Guillermo, había sido diagnosticado con depresión, meses atrás.

Era un profesional reputado y muy sociable, pero su hermetismo era parte inherente de su personalidad. Pocas veces se le oía expresarse y la comunicación con su mujer era nula. Sara se quejaba con sus amigas, contándoles que éste, vivía en permanente “modo avión” – A veces me gustaría oírlo gritar, o expresar algo de ternura. Es que es tan “Beige”- decía- irritada.

La ambulancia tardó menos de diez minutos en llegar y le dieron los primeros auxilios. Entrando al hospital, el hombre de 34 años, tuvo un paro cardiorrespiratorio y Sara, llamó a sus suegros y a su cuñada. Los médicos, le hablaron con franqueza diciéndole que era muy probable que no sobreviviera. La intoxicación lo llevó a un coma y sus signos vitales estaban muy débiles.

Para sorpresa de todos, el coma duró cuatro semanas y, además, Sara había tirado la toalla. Cuando salió del hospital, los padres y la hermana de Guillermo, decidieron que lo mejor para él, era que ingresara a un centro de terapia, con todos los cuidados, y el día que lo fueron a llevar, su madre le dijo: – La vida es para echar pa’adelante, vamos hijo, que la vida es de valientes.

-Gracias, mamá.

Después del primer mes, los especialistas estaban preocupados. Guillermo no había hablado una sola palabra sobre los motivos que lo llevaron a tomarse toda una farmacéutica. Siguieron pasando las semanas, asistía a todas las actividades y se mostraba bien de ánimo, pero se expresaba más una tapia.

En esos días, Guillermo firmó el divorció con Sara, y esa noche, en su habitación, volvió a sentir, esa piquiña de garganta, algo así como una sed con espasmos. Comenzó a respirar agitadamente y le dieron ganas de llorar, pero los medicamentos que le recetaban eran antipáticamente potentes y no lo dejaban. Se acordó que al día siguiente volvería a su casa y eso lo calmó un poco, a los pocos minutos, se durmió.

Su hermana le tenía una sorpresa para cuando saliera esa tarde del centro de recuperación.

  • Gracias, pero ¿¿un campo de verano de tenis en Estados Unidos?? ¡Ya no tengo doce!

Su hermana se rio. – Ay Guillermo! ¡Es para adultos!

  • ¿¿Tinder sports camp?? Todos se rieron.

Los pensamientos de acabar con su vida no habían cesado y Guillermo aceptó ir al dichoso campamento para no preocupar a su familia. Además, le parecía bien tener un poco de acción, después de estar confinado por noventa días, otro árbol más, meditación o sonrisa zen, lo iban a chiflar.

Parte de la sorpresa era que el campo de verano era en Maine, en un lugar plagado de árboles, pero esa parte no se la contaron.

Fueron dos semanas de principios de junio, intensas y divertidas. Jugó por horas enteras su deporte favorito, y se arriesgó a probar deportes acuáticos, como el esquí. La comida era cuidadosamente preparada y saludable. Hizo gran amistad con sus compañeros de cabaña y, los dirigentes, fueron especialmente amables.

Era la última noche de campamento y les tenían preparada una sorpresa a los cuarenta participantes. Les habían pedido vestirse cómodos.

A las nueve de la noche, cuando había oscurecido, se reunieron frente al comedor. Les vendaron los ojos, descalzaron sus pies y los invitaron a mantenerse en silencio.

Guillermo, empezó a sentirse ansioso y casi que oía sus propios latidos. ¿De qué se trata todo esto?, pensó.  Otra vez, apareció esa incómoda sensación en la garganta y le dieron ganas de salir corriendo.

De pronto, una música instrumental, muy suave, comenzó a sonar. Se escuchaba agua correr y otros sonidos orgánicos de origen natural, que lo empezaron a tranquilizar.

Uno por uno, fueron guiados entre los árboles y a medida que Guillermo caminaba empezó a sentir en su cara y brazos algo que, estaba seguro, eran plumas. –¿¿Plumas?? Voy a matar a mi hermana, ¿en dónde me metí?                  La sensación empezó a ser tan agradable, que la tensión desapareció y realmente empezó a disfrutar. Pasaron unos minutos y un cálido susurro le hizo poner la piel de gallina… “Eres valioso” … dio un paso más y luego vino otro: “Eres vulnerable” …. Y otro, “Eres merecedor” …. “Eres Especial” ….   Trató de contenerse, pero las lágrimas le ganaron. Luego, amplios abrazos rodearon su cuerpo y lloró con ganas por varios minutos.

Unas manos tomaron sus hombros y lo llevaron hasta donde el suelo, se sentía tibio y muy suave, bajo sus pies. Allí, sus ojos fueron descubiertos y pudo notar

otras miradas de hombres y mujeres, todavía, humectadas por las lágrimas. Se sentía extraño pero aliviado, era como si se hubiera quitado dos edificios de encima.

Las siluetas de los árboles, iluminadas por una tenue luz azul, de repente se oscurecieron, y cientos de diminutos resplandores, empezaron a emerger de la espesura del bosque. – Wow!- Era lo más mágico que había presenciado en su vida.

La noche de los “bichos de luz” como él le llamó, fue el entendimiento que la vida no era para echar pa ’adelante, ni jugar a hacerse el valiente, sino para sentirla, con todas sus fuerzas, un día a la vez.

Por: Maria Ardila

Bogota, Colombia                        

Journalist , Eng-Spanish, Spanish- Eng, Translator

Graduated in Social Communication and Journalism with over 10 years of experience in leading groups of people. Expert in customer service, teaching, sales and marketing. Im very good with languages, (Native spanish) Professional English and Intermediate brazilian portuguese.

Produced by: Eugenio Zorrilla.

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