juicio que se presume será rápido

Sorpresas te da la vida (Capítulo 5)

Amanece un hermoso día de primavera. Un rayo de sol se cuela entre las cortinas de la habitación. De fondo suena el despertador a tope, pero opto por seguir un ratito más en la cama. Me encanta acurrucarme con Hugo unos minutos antes de levantarme.

Hoy es un día diferente. Por fin voy a enfrentarme cara a cara con mis compañeros del cuartel en un juicio que se presume será rápido. Espero que se haga justicia y paguen uno a uno por todo el dolor que me han causado durante estos meses.

Decido que ya es hora de dejar de vaguear y me dirijo a la cocina a preparar café. Desayunamos tranquilamente y comentamos la jugada. Yo no estoy nada nervioso, la verdad, porque juego con el viento a mi favor. Tengo claro que soy una víctima y que están cometiendo un delito penado por ley.

De repente llaman a la puerta. “¿Quién será?” ¡Mamá! Una alegría inmensa se apodera de mi cuerpo. Ha venido para mostrarme todo su apoyo y se lo estaré eternamente agradecido.

Ha llegado la hora de marcharnos. Salimos los tres en dirección al juzgado. Durante el trayecto Hugo y mi madre intercambian opiniones. En Navidades no hablaron demasiado así que tienen que ponerse al día.

A lo lejos diviso a mi compañero Kiko. No sé si viene en calidad de acusado o de testigo. Tengo mis dudas…

Una vez allí nos hacen esperar unos quince minutos. Noto un poco de angustia, pero se me pasa rápido.

Por fin entramos. El juicio se desarrolla con normalidad, sin ninguna salida de tono. Una vez exponemos las partes, testifican los acusados. A continuación, llega el turno de los testigos. Finalmente, Kiko declara a favor mío. Las caras de flipados de los compañeros no dejan lugar a duda.  Otro gay más en la plantilla…

El juez da por finalizada la sesión. Respiro profundamente y me abrazo con mi gente. Ya solo queda esperar la sentencia.

Los días pasan y yo sigo con mi rutina. Parece que las aguas se han calmado un poco en el cuartel. Pero aún hay alguno de mis compis que sigue dando por saco.

De pronto, una mañana cuando estaba saliendo por la puerta me aborda Alexis, mi abogado. Ya tiene la sentencia en firme y quiere comunicarme el resultado.

Sin dudarlo ni un segundo entramos en casa. Hugo está a punto de irse también, pero decide quedarse para escucharla.

“La sentencia de la Audiencia ratifica el fallo del Juzgado de lo Penal de Sevilla que considera probado que existieron actos vejatorios reiterados contra la víctima y contra su integridad moral, al estar sometido a un sufrimiento psíquico humillante”

Finalmente, el jefe de policía es condenado a dos años de cárcel y a pagar una indemnización por daños y perjuicios de 60.000€. Aparte de esto, es suspendido de empleo y cargo público durante el tiempo que dura la condena. El resto de compañeros a abonarme 40.000€.

Se trata de una condena ejemplarizante. Las causas de acoso laboral o mobbing son difíciles de probar, pero contábamos con pruebas muy potentes que los incriminaban directamente.

Pego un bote de alegría y me lanzo a los brazos de Alexis. ¡Lo conseguimos!

Aunque se me recomendó un cambio de cuartel, no lo acepté. Esto implicaba un traslado de ciudad y no me pareció justo.

Hoy en día soy feliz y puedo acudir a mi puesto sin miedo y con la cabeza bien alta. Mis compañeros están acojonados y no han vuelto a decir ni pio.

Espero que mi caso pueda ayudar a otras personas que sufren acoso laboral por tener otra orientación sexual.

Producción: Eugenio Zorrilla.

cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

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