Cuando nos vimos nos fundimos en un beso de película

Las apariencias engañan (Capítulo 1)

Por: Patricia Bermejo

Cáceres, España

Mi relación con Carlos comenzó aquel fatídico día en el que respondí a su mensaje en un portal de citas. Yo tenía 20 años recién cumplidos. Por aquel entonces soñaba con encontrar un príncipe azul que me amara con locura, que me colmara de hijos y me diera un hogar.

Siempre me habían atraído los chicos mayores. Por eso cuando Carlos mostró interés en conocerme sentí que se había cumplido mi deseo. Era un chico guapísimo, tenía 10 años más que yo y además tenía casa propia.

Estuvimos más de 4 meses chateando. Compartimos horas y horas de conversaciones, intercambio de fotos etc. Incluso intimábamos por webcam. Carlos era atento, divertido, cariñoso y poco a poco me fue conquistando.

Llegó el día en que nos vimos en persona. Yo estaba muy nerviosa. Hasta el punto que me tiré toda la mañana probándome modelitos e incluso fui a la peluquería. Quería impresionarle.

Cuando nos vimos nos fundimos en un beso de película. En ese momento me percaté de que el amor había llamado a mi puerta y prometí que no me separaría nunca de él.

Las semanas fueron pasando y cada vez estaba más unida a Carlos. Era un hombre super detallista, generoso, se desvivía por mí y me trataba como una auténtica reina.

De pronto un día me pidió que me fuera a vivir con él. Quería que la relación se formalizara y que compartiéramos todo. Su idea era que con el tiempo formáramos una familia y por supuesto yo acepté encantada.

A los pocos días le dije a mis padres que me marchaba. Ellos no lo tomaron demasiado bien porque desde el principio no les gustó Carlos ni un pelo. Pero a mí me dio lo mismo y me largué sin más.

Lo que no sabía es que me estaba metiendo en la boca del lobo. Nada más entrar por esa puerta, empezaron a suceder cosas muy extrañas. A Carlos no le hacía ninguna gracia que fuera a trabajar y mucho menos que me relacionara con nadie.

Hasta entonces había mostrado algo de celos de mi familia o colegas e incluso un poco de obsesión, pero la verdad es que no le di demasiada importancia. Además, si discutíamos por eso siempre utilizaba la frase perfecta para embaucarme: “Te amo más que a mi vida”. “Voy a hacerte la mujer más feliz del mundo”.

A los dos meses de convivencia nos casamos. Y al poco tiempo me quedé embarazada.

Una tarde salí a tomar café con mi mejor amiga. Por aquel entonces tenía ya una barriga de 4 meses. Al volver a casa me estaba esperando con cara de perro. “¡Me cagué de miedo!”.

Recuerdo ese día como si fuera hoy mismo porque fue cuando me soltó la primera bofetada. Me dijo que seguro que había estado zorreando con Laura y que una mujer decente no le hacía eso a su marido.

Por más que intenté que entrara en razón no hubo manera. Pero en el momento que rompí a llorar acudió a consolarme. Me suplicaba una y otra vez: “Mi amor, perdóname, te juro que se me ha ido la mano”. “No lo voy a volver a hacer”.

En ese momento le creí. Pensé que de verdad había sido un error y que estaba arrepentido. Pero nada más lejos de la realidad.

Ese solo era el principio de una larga pesadilla.

Por: Patricia Bermejo

Cáceres, España

  • Marketing online | IAB Spain2019 – 2019
  • Master’s degree, SEO | Desarrollo Seo2018 – 2019
  • Master’s degree, Community management | Fundación Uned2016 – 2016
  • Tourism | Salamanca Tourism School1996 – 1999

https://www.linkedin.com/in/patrybermejo/

Producción: Eugenio Zorrilla.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s