Estoy cansada de tanta superficialidad –pensaba Sofía

Aventuras legales – Un caso sin resolver

Era un día más, Sofía contemplaba la lluvia caer por su ventana, mientras termina sus últimos informes en su despacho de abogados. Como de costumbre, salía en medio de las concurridas calles para dirigirse caminando al gimnasio más cercano. Realizaba su rutina de ejercicios y posteriormente regresaba a la oficina por su vehículo, una vez que la congestión de la ciudad había cesado. Sofía, a pesar de ser una mujer hermosa, de piel blanca, con caderas prominentes y de cabello oscuro, de cierto modo, había caído en una monotonía, que le generaba cierta depresión, no la aparentaba, pero que era notoria cada vez que llegaba a su casa.

Su trabajo se había convertido en su principal escapatoria, era su pasión, la razón por la cual se levantaba todos los días, además de enfrentarse a diversos casos legales provenientes de todo tipo de personas, los cuales siempre la mantenían motivada.

  • Es extraño, no entiendo por qué no puedo encontrar a alguien, que quiera una relación de verdad. Todos los hombres no ven más allá de mi físico. Estoy cansada de tanta superficialidad –pensaba Sofía de una forma desalentadora.

Una tarde, después de que Sofía termina sus labores del día, recibe una llamada misteriosa a su celular. Un nuevo caso que cambiaría drásticamente el rumbo de su vida:

  • Buenas tardes abogada. Yo sé que no son horas de oficina, pero necesito hablar con usted urgentemente.

  • Disculpe, pero ya me encuentro fuera de la oficina ¿Quién le dio mi número personal? Con gusto, lo podré atender mañana a primera hora.

  • Un colega me dio su número y me la recomendó. Sinceramente estoy desesperado, necesito la ayuda de un abogado. Si quiere puedo retribuirle por sus horas laborales extras.

  • Está bien, voy a buscar un café. Puede llamarme en veinte minutos para darle la dirección del lugar en el que voy a estar. No esperaré más de media hora.

  • Perfecto. Muchas gracias.

Sofía se sentía intrigada por aquella misteriosa llamada, sabia que era un acto un poco arriesgado, verse con clientes por fuera de la oficina, pero la voz de aquel hombre le daba cierta confianza y sentía que realmente necesitaba ayuda.

Pasó una hora, era extraño, aquel personaje, no aparecía por ningún lado. Las calles húmedas por la sutil lluvia, se adornaban con reflejos de las luces de la ciudad, mientras la noche poco a poco abrazaba y envolvía la penumbra.

  • ¡Esto es el colmo! Más de una hora de espera y este señor nada que aparece. Eso me pasa por querer ayudar a las personas. Mejor me voy.

Sofía, no entendía que era lo que estaba pasando, había tenido un día muy largo y extenuante. Solo quería llegar a su apartamento y sentirse en la comodidad de su hogar, acompañada de su adorado gato. Por lo general, muy pocas veces, había hecho excepciones y más cuando no conocía al cliente.

  • ¿Abogada Sofía?

  • Sí, sí señor. Lo siento, pero ya es muy tarde. Lo puedo atender mañana en mi oficina.

  • Discúlpeme, pero estaba lloviendo, y el tráfico se complicó. Trate de llamarla, pero mi celular se descargó. Yo sé que es extraño, ¿pero, por favor, podemos hablar? No tomará mucho tiempo.

Sofía, estaba confundida, no comprendía lo que estaba pasando. En otras circunstancias, se hubiera ido a la casa, sin dar explicaciones o incluso, sin meditarlo. Sin embargo, quería seguir su instinto, ya que desde el principio había tenido cierta curiosidad por este cliente. Una vez que lo vio personalmente, encontró una familiaridad que no lograba descifrar. Por lo tanto, decide escuchar detenidamente su caso y así saber un poco más sobre aquel personaje.

Antonio era un hombre de negocios casado, con dos hijos quienes le habían dado a su vida aquel impulso y determinación para alcanzar sus sueños. Después, de haberse enfrentando a una de las situaciones más difíciles que ha podido atravesar, al ser víctima de un estafador, quien lo hizo invertir en un negocio que realmente no existió y que le generó graves problemas económicos.

Una vez que Antonio, le explicó el caso detenidamente a la abogada. Empezaron a sentir cierta conexión, como si ya se hubieran conocido tiempo atrás. La conversación fluía, empezaron a hablar de diversos temas, que los llevaban a abarcar otros, y que sutilmente iban revelando información sobre sus personalidades.

El tiempo parecía como si hubiera detenido ante sus ojos. A Sofía, no le importaba saber si Antonio estaba comprometido, o si tenía novia. Simplemente se sentía cómoda y hacía mucho tiempo no había estado en una situación similar.

  • Abogada creo que es un poco tarde, pero ¿qué le parece si buscamos un lugar en donde cenar?

  • Disculpe tengo que llegar a adelantar unos informes para mañana. Tal vez, en otra ocasión. Analizaré su caso y le haré saber, cuáles son los pasos a seguir para empezar el proceso judicial.

  • Muy bien. Muchas gracias por su tiempo.

Producción: Eugenio Zorrilla.

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