Los ocho, se devoraron el manjar en segundos y felicitaron a la artífice. Por supuesto, Paloma y Claudio se sentaron juntos

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Marejada en el archipiélago II

Por: Maria Ardila

Bogota, Colombia

El sencillo hotel, hacía parte de una asociación comunitaria, de poco más de cien individuos, que se había propuesto la tarea de conservar la biodiversidad y mejorar la calidad de vida de sus habitantes, por medio de la visita de avezados viajeros. Daniel y sus cuatro hermanos, oriundos del lugar, juntaron esfuerzos, se capacitaron en turismo, y echaron a andar un proyecto en el que llevaban más de cinco años vendiendo planes turísticos, para dar a conocer sus costumbres y actividades locales a personas de la región y de otros continentes.

Entre las actividades que ofrecían estaba una excursión a las Cascadas del Encanto, y los visitantes, recién llegados, las conocerían esa misma tarde.

Varios de los integrantes de la comunidad, en su mayoría jóvenes, salieron a recibir la embarcación. Mientras los muchachos ayudaban a José a bajar las provisiones y el equipaje, Doña Josefina, una dulce mujer mayor, se presentó y guio al grupo hasta un fresco quiosco, estratégicamente ubicado frente al mar.

<< Este es el restaurante, ¿cómo lo ven?. Yo soy quien cocina aquí y me encargaré de malcriarlos>>, dijo la alegre mujer con una cálida sonrisa, al tiempo que repartía unos apetitosos pasabocas y refrescos, recién hechos, para los forasteros.

Los ocho, se devoraron el manjar en segundos y felicitaron a la artífice. Por supuesto, Paloma y Claudio se sentaron juntos y ya se sentía entre ellos esa energía de quienes se gustan.

Empezaron a conversar animadamente y a conocerse cuando se acercó José, el capitán de la embarcación.

<<Acabo de recibir una llamada de Daniel. Desafortunadamente, su compañera alemana, falleció>>, comunicó, con tono afligido, el hombre.

Todos empezaron a hablar al tiempo, y un aire denso impregnó el ambiente. Ninguno volvió a hablar.

<<Daniel dejó a nuestro personal en la ciudad a cargo de todos los trámites y en unas horas regresa con otro grupo de turistas.>>, prosiguió José.

<<No lo puedo creer>>, expresó Mark, el fornido hombre que había ayudado a sacarla del agua. << Era muy amable, y me contó que era su primer viaje sola. ¡Qué triste!!>>, replicó Ana, la mujer que iba sentada a su lado, atrás.

<<Siento mucho lo de su compañera, que en paz descanse>>, dijo Doña Josefina. Voy a mostrarles sus habitaciones por si quieren descansar. Todos la siguieron, en silencio, y se ubicaron en dos cuartos, de dos camarotes cada uno.

Unos se quedaron durmiendo y Ana, “El Vikingo”, como ya todos le llamaban, Paloma y Claudio, regresaron al quiosco y se quedaron conversando.

<<N0 lo van a creer, pero acá entra perfecto la señal>>, confirmó Claudio. Todos revisaron sus móviles menos Paloma, quien lo dejó cargando al lado de su cama y dijo, <<Mi marido debe estar colgado de una lámpara, no le he podido avisar que llegué>>. Claudio, disimulando su sorpresa, le preguntó, << ¿Cuál es tu número para pasarte los videos de las ballenas?>> La joven se lo dictó y éste creó un chat agregándolos a todos para intercambiar imágenes. Ana, le ofreció a Paloma su teléfono para que pudiera comunicarse con su pareja.

Charlaron animadamente un rato más y Josefina los llamó a comer. De los del cuarto sólo uno salió; Miguel, los otros tres, que no eran muy integrados, se quedaron noqueados.

Después de la abundante comida, se fueron a descansar a unas coloridas hamacas que estaban cerca al restaurante. Paloma, ya con su móvil, se acomodó en una y empezó a chatear con Pedro, su compañero de más de diez años, quien no había viajado con ella por trabajo. De repente, recibió un mensaje de Claudio que decía: << ¿Qué le cuento?, conocí a una mujer DIVINA, que por donde pasa todos se voltean a mirar. Convive con alguien, pero no me importa, me tiene EMBRUTECIDO y yo sé que también le gusto >> Paloma se rio. << Qué buena estrategia, la del mensaje “equivocado”>>, pensó, << ¿O muy infantil?? >>. Miró a Claudio, pero este charlaba entretenido con Ana. 

Pasó alrededor de una hora y en esas llegó Daniel, en una lancha, con otro grupo de seis turistas. El hombre, los saludó, todavía compungido por el incidente de la alemana y les pidió que estuvieran listos a las tres, para ir a las Cascadas del Encanto.

A las tres de la tarde, salieron Paloma, Claudio, El “Vikingo”, Ana y Miguel, y los noqueados, desmayados se quedaron, durmiendo en su habitación. Las emociones del día y la falta de costumbre al vaivén de la navegación, los habían dejado fuera de combate. Este primer grupo, iba en una lancha y los “nuevos”, en otra, que salió veinte minutos después.

<< ¡Qué espectáculo! >>, dijo Ana admirada, cuando se adentraron en un laberinto de promontorios tupidos por un denso bosque húmedo. El agua allí era tranquila y transparente. De pronto, apareció una cascada con una caída de al menos sesenta metros que salía de la más verde y frondosa vegetación. <<WOW!>>, coincidieron todos.

José, al mando de esa lancha, les indicó que podían entrar al agua. Claudio se quitó la camiseta dejando ver uno de esos abdómenes que son producto de esculpirlos por meses y meses, sin parar. Paloma no pudo evitar mirarlo con capricho. Ese hombre le encantaba.

Después de nadar un rato, uno por uno, se empezaron a lanzar desde una saliente de roca, empotrada a diez metros de altura, a una cristalina “piscina” que se formaba. Se estaban divirtiendo como adolescentes y muertos de risa, se hacían videos con efectos. José se carcajeaba encantado de ver al grupito y, cuando iban a ser las cinco, los llamó para regresar.

La segunda lancha se había ido a otra cascada, cerca, y se encontraron para partir juntos.

Llegaron a tierra firme, se pusieron ropa seca y se reunieron en el restaurante para cenar los manjares de Doña Josefina. En la noche, pasadas las nueve, irían a ver “las hadas del mar”, Daniel les había prometido que era un acontecimiento memorable, y les pidió estar listos, con traje de baño y calzados.

Era una fantástica noche de menguante, y a las nueve estuvieron todos en el muelle. << Gracias a todos por la puntualidad! ¿Están preparados para vivir la magia de La Palma? >>, preguntó Daniel, visiblemente emocionado. Todos asintieron intrigados, se pusieron chalecos salvavidas y se acomodaron en tres canoas, sin motor.

Dos hombres en cada embarcación se ofrecieron para remar y partieron. Tal vez era el cansancio, pero ninguno musitaba palabra. Había sido un largo día y se permitieron sentir el suave oleaje que mecía el gran trozo de madera, hecho barca.

<< No se me duerman! >> gritó Daniel, asegurándose de que las otras dos embarcaciones lo escucharan << Nadie les dijo que había que hacer silencio >>. Todos se rieron.

Después de unos minutos, llegaron a la orilla de un islote y desembarcaron. Caminaron unos cinco minutos y Daniel les pidió que entraran al agua con los chalecos salvavidas puestos y los zapatos. El tenue reflejo de la luna, le daba un sugestivo aire al entorno. Apenas se alcanzaban a ver sus rostros y, uno a uno, fueron fundiéndose en la oscuridad del mar.  Paloma fue la segunda en meterse y cuando estuvo sumergida, se embelesó con lo que vio. Cientos de diminutos destellos, verdes fluorescentes, aparecían con cada movimiento de sus piernas y manos. << Lo máximo!! ¡Esto era algo que me faltaba por ver!!, es absolutamente HERMOSO >>, dijo en voz alta. Todos estaban igualmente admirados.   << Las “Hadas del Mar”, como les llamamos en la isla, para los que no saben, son fitoplancton, un conjunto de organismos microscópicos, que como ven, producen chispazos de luz muy intensos que hacen que el mar parezca un cielo cubierto de estrellas fugaces >>, explicó Daniel con destreza.

La temperatura del agua comenzó a bajar y aunque todos estaban encantados con los centelleos, accedieron a salirse cuando el amable guía les pidió. Remaron otros veinte minutos de vuelta y aunque durante la cena, el grupo, había planeado tomarse unas cervezas al llegar, no hubo cuerpo que resistiera un minuto más en pie. Incluso los lirones, que hicieron con juicio la siesta, sucumbieron ante las cómodas literas.

Por: Maria Ardila

Bogota, Colombia                        

Journalist , Eng-Spanish, Spanish- Eng, Translator

Graduated in Social Communication and Journalism with over 10 years of experience in leading groups of people. Expert in customer service, teaching, sales and marketing. Im very good with languages, (Native spanish) Professional English and Intermediate brazilian portuguese.

Produced by: Eugenio Zorrilla.

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