Paloma estaba en una hamaca, leyendo, cuando llegó Claudio.

Marejada en el archipiélago III

Para la mañana siguiente, y para fortuna de todos, el buen Daniel, no había planeado actividad alguna y, salvo Claudio, que se había levantado a las seis, a nadar, todos terminaron desayunando pasadas las diez. Se estaban comiendo entusiasmados un suculento “levanta muertos” que solo la “doña” sabía preparar; un revuelto de huevos, papa criolla, arroz, plátano maduro, tocino y salchichas, cuando llegó, el guía estrella, a saludarlos. << Buenos días muchachos! ¡Espero que hayan dormido bien, porque, hoy, la fiesta va a estar buena! >> les dijo, con esa sonrisa inmensa, de dientes brillantes.               

<< Ahora, pueden remar si quieren, nadar o asolearse… A las tres, después de almorzar, vamos a hacer el Camino de la “Piangua”, ¡es muy divertido! >>. << ¿De la qué??>>, preguntó Mark, alias “El Vikingo”.   <<Piangua is a mollusc >>, respondió al instante Daniel. << oh! ¡Gracias!>>, replicó el fornido hombre, sin aun comprender de qué se trataba la actividad, pero tampoco le importó. Daniel se despidió y cada uno se fue a lo suyo.

Paloma estaba en una hamaca, leyendo, cuando llegó Claudio. Ella lo saludó, y sin rodeos, le soltó: << Me encantó el mensaje “equivocado” que me enviaste ayer >>, haciendo la seña de comillas con los dedos de sus manos. Claudio se rio. << De verdad fue por error, estaba chateando con mi mejor amigo>>. Paloma entrecerró sus ojos incrédula y se rio. << Me da igual. Gracias por lo de linda, de todas maneras >>.   << De nada>>, le contestó éste. Y añadió << Te dejo. Me voy a dormir un rato porque esta noche voy a bailar mucho contigo >> 

<< Jeje, vale >> musitó, algo nerviosa Paloma, y se quedó viéndolo todo el tiempo, mientras, éste, entraba a la cabaña de habitaciones. Trató de concentrarse, pero por supuesto, no lo logró. No podía parar de pensar en Claudio y empezó a sentirse un poco culpable, pues desde que estaba en pareja, nunca había sentido algo tan fuerte por otro hombre. Jamás, en ninguna relación, había sido infiel y era del tipo de mujeres que eran algo sumisas.

<<Pedro es un tipazo y me adora>>, pensó. << ¿Será que estoy necesitando un “aire” en mi vida?>>, <<Claudio me fascina!!>>, <<seguramente se va a fortalecer mi relación >>, y, todo tipo de ideas por el estilo, le fueron bombardeando su cabeza.

Paloma y Pedro habían iniciado su noviazgo durante la universidad, y la verdad es que se llevaban muy bien y la comunicación que tenían era impecable, hacían un buen equipo. Paloma siempre había insistido en formalizar la relación con algún tipo de ritual, lo más parecido a un matrimonio, pero Pedro nunca había querido << Así estamos bien y es más fuerte nuestro compromiso>>, apuntaba, siempre que ella le tocaba el tema.

Reflexionó por unos minutos, pero el suave movimiento de la hamaca y la tibia brisa que venía de los islotes, la fueron arrullando hasta que se quedó dormida.

Se despertó sobresaltada con “el llamado a comer” de la campana de Doña Josefina, que retumbaba por toda la isla. Los perros conocían muy bien ese sonido, y salían a hacer su ronda por si agarraban algún sobrado. << ¿Almuerzo ya?, pero si todavía tengo el desayuno en el esófago>>, murmuró, constatando con el reloj de su móvil; faltaban cinco para la una. <<Vaya!>>, profirió.

El grupo, bastante inapetente se sentó a comer con desgano y la “doña” se sintió, << ¿No les gustó lo que les preparé?, Estoy que lloro>>, expresó, la mujer. << Noo, mi “seño” cómo se le ocurre! ¡Su comida es muy buena y abundante, el problema es que nos levantamos muy tarde! Todavía estamos llenos del desayuno>>, dijo Ana, para tranquilizarla. Todos se sumaron al comentario.  La señora los miró con suspicacia y volvió a la cocina.

Hicieron un esfuerzo infrahumano para no dejar nada en el plato y no herir los sentimientos de la dulce dama y, cuando hubieron terminado, sintiéndose más pesados que un mal matrimonio, se fueron todos a hacer la siesta.

Roncaron como morsas y, faltando un cuarto para las tres, Daniel los despertó, ¡<<Muchachos! Los que quieran ir al Camino de la Piangua, alístense, por favor>>.

Después de la noche anterior, y el espectáculo acontecido con el fitoplancton, confiaban en el criterio de Daniel y sus “actividades”, así que todos se levantaron y fueron. Llegaron a remo, hasta el lugar indicado, aprovechando que la marea estaba baja y las raíces del manglar estaban descubiertas en el lodo. Todos, usando botas de caucho retozaron en el barro y aprendieron a recoger el molusco parecido a un mejillón, que se entierra en medio de las raicillas del mangle.

“Cazar” pianguas, en realidad, había resultado una novedad, muy divertida. Regresaron felices, mugrientos, con baldes llenos de moluscos y, ahora sí, hambrientos, pero, sobre todo, expectantes por la última noche en el archipiélago.

Apenas desembarcaron, se ducharon y estuvieron listos para cenar un inolvidable buffet de despedida que la “master chef” les había preparado. Tres clases de pescado fresco, barra de ensaladas, deliciosas frituras y unos exóticos dulces, elaborados con frutas desconocidas. Comieron encantados, abrazaron a la simpática mujer y fueron a arreglarse a sus habitaciones para la gran fiesta.

Paloma se puso un sencillo vestido, negro, de algodón, sin tirantas, que le llegaba a mitad del muslo y realzaba su figura atlética. Recogió su pelo con una moña alta y no se puso maquillaje, sólo un collar, azul marino, que la hacía ver estupenda.

Una vez estuvieron listos, se dirigieron al quiosco que les había indicado Daniel y cuando llegaron, había varios miembros de la comunidad bailando ya, en una amplia pista de baile.

Poco a poco, se fueron poniendo a tono bebiendo “chirrinchi”, un licor criollo que preparaban en la isla, al son de diferentes ritmos tropicales, entre esos, champeta. Paloma nunca había escuchado esa música, y Daniel, que estaba cerca, le explicó que era un ritmo de origen local de las zonas afrodescendientes. << Qué buen sonar tiene!>>, dijo la mujer, al tiempo que volteaba a mirar hacia un rincón, dónde una parte del grupo, hacía una algarabía alrededor de un hombre joven, perteneciente a la comunidad, que ninguno había visto antes.  << Ese es Tony, vive en Aruba dando clases de surf y llegó esta tarde. Es el maestro de la champeta>>, contó Daniel a Paloma. <<Wow>>, contestó esta. Todos le empezaron a aplaudir emocionados, mientras el diestro bailarín movía los pies con una pericia y rapidez envidiables. Ninguno había visto soltura semejante y se animaron a imitarlo. Paloma y los demás, estaban boquiabiertos. <<Qué cosa más alegre! ¡y complicada!>>, dijo Ana, dirigiéndose al resto, mientras empezaba a bailar con el fortachón del grupo, Mark.

Claudio se acercó a Paloma y la agarró de la cintura para invitarla a moverse. Era un baile muy sexy y de mucha cercanía, y más, con el licor. Duraron bailando un par de canciones, coqueteándose a más no poder, cuando Tony, con un movimiento rítmico y disimulado, y, con una alegría contagiosa, apartó a Paloma de Claudio y se la llevó a bailar con él.

La mujer, aún en sus cinco sentidos, se atacó de risa y mirando a Claudio, se dejó llevar por la cadencia del nativo, disculpándose por su incompetencia en el baile. <<Déjate llevar, que yo te enseño>> le dijo el hombre. Paloma, le hizo caso, y empezó a disfrutar como nunca. Tony, cada vez, la acercaba más y ella no tuvo reparo alguno. Continuaron bailando por casi quince minutos, sin darse cuenta que había empezado a diluviar. Paloma se detuvo y le dijo a su parejo de baile al oído, <<ya vengo, voy al baño>>.

Mientras orinaba, pensó, << ¡¿Uff qué está pasando?!!>>, << Qué es esta locura de hombre?>>.  Se arregló un poco, se lavó los manos y salió. Cuando iba llegando a la pista de baile, Tony la abordó y le cogió la mano. <<Te importa salir a la lluvia?>>, le preguntó. << Para nada>> contestó, la guapa joven.

Salieron del quiosco, caminaron un poco y el hombre, la llevó a donde estaba encallada una canoa. La noche era maravillosa y metieron sus pies al mar, hasta los tobillos. A pesar del aguacero, el cielo se veía espectacular, y el agua que caía era tibia. Se quedaron de pie, observando las siluetas de los islotes, cuando Tony, sin preámbulos, le empezó a acariciar la espalda, le agarró la cara y puso sus labios en su boca. Paloma, devolvió el beso, con todas sus fuerzas, sintiendo como se excitaba cada vez más, pero se detuvo y lo apartó. Tony le sostuvo la cabeza, suavemente, con las dos manos, y le dijo, <<quieres que pare?>> y mirándola con deseo, agregó, << eres una diosa>>. La mujer sintiendo como sus pieles se rozaban no se pudo contener y lo empezó a besar.  A los pocos segundos murmuró, <<vamos a otro lado>>. Él la tomó de la mano y se fueron a la habitación de Paloma.

Ella jamás se imaginó que terminarían en la cama, claro que contribuyeron para ello, el licor y los cuerpos mojados rozándose.

<< Qué momento tan delicioso allá afuera, la lluvia… todo>> susurró la mujer. Tony la empezó a tocar con suavidad y le dijo, << Verdad que sí? Te confieso que te vi hoy al mediodía, cuando estabas en la hamaca y me hechizaste>> Se quedaron mirando y se sonrieron y empezaron a besarse nuevamente. Se dejaron llevar y, con una pasión desbordada, se disfrutaron como nunca, hasta que se quedaron dormidos.

Con la noción del tiempo alterada, Paloma se despertó exaltada y le dijo, zarandeándolo <<Tony vete, por favor, que en cualquier momento llegan mis compañeros de habitación>> Miró el reloj y eran las doce y cuarenta de la noche, la música todavía se escuchaba y eso la tranquilizó un poco. Tony se vistió y le dio otro beso acariciándole los senos. <<Mañana te veo guapa>>, le dijo despidiéndose.

Cuando el hombre cerró la puerta, la mujer se agarró la cara y expresó en voz alta << WOW, ¡qué delicia de hombre!>> Se percató que su móvil tenía tres llamadas perdidas de Pedro. No le contestó. Se puso la toalla y fue al cuarto de baño donde se duchó por varios minutos.  Se acostó a dormir esperando no verle la cara a nadie, sobre todo a Claudio.

A la mañana siguiente, a eso de las ocho, Ana comenzó a empacar sus cosas pues una lancha los recogería a todos faltando un cuarto para las doce para llevarlos al puerto, y después un micro, los dejaría en el aeropuerto, a las tres. Paloma abrió un ojo y la saludó. Ana la miró y le devolvió el saludo con una risilla. No hacía falta adivinar que se había dado cuenta de todo.

Las mujeres estaban solas en la habitación. Claudio y el “Vikingo” se habían quedado dormidos, ebrios, en las hamacas.

<<Nunca se me hubiera ocurrido acostarme con él… ni con nadie. Me siento MUY MAL>>, dijo la aun soñolienta mujer tapándose la cara.      << Ay, ¡no es para tanto!, ¿lo disfrutaste?>>, le preguntó Ana. Paloma asintió avergonzada.

<<Yo lo hice con Mark, estuvo increíble. Pero terminó emborrachándose a un nivel superior, y lo mandé a las hamacas… Imagínate todo el alcohol que le caben a esos casi dos metros>> ambas soltaron una carcajada.

Paloma se levantó, se duchó y se dispuso a empacar. Estaba terminando de ordenar las últimas cosas, cuando retumbó en su cerebro “el campanazo” << ¡NOOO puede ser!, hoy no, Doña Josefina, por favor, hoy no…>> 

En el desayuno ninguno hablaba, la resaca los puso inertes.  <<Estuvo buena la fiesta, ¿no? Espero que hayan gozado>>, expresó la alegre Josefina, a un volumen no muy amigable para los sesos, mientras se dirigía a la cocina.

Después de beber incontables litros de jugos y refrescos, los perecientes fueron a acabar de alistar el equipaje para llevárselo a José, frente al muelle. <<Santísima trinidad, se me va a estallar la cabeza>>, rezongó el vikingo, al tiempo que caminaba a rastras hacia la habitación. El estado general del grupo, era deplorable. Afortunadamente había tiempo, y, como si se hubieran puesto de acuerdo, se echaron a dormir en sus respectivas habitaciones.

Paloma se cruzó a Claudio cuando salía del baño, esta le sonrió tímidamente y el hombre le lanzó una mirada fulminante. <<Jajaj >> se rio la mujer, <<Tremendo bebé>>. Se cepilló los dientes y se fue a dormir.

A las once y media, Daniel los comenzó a llamar. Poco a poco, salieron, todavía atontados, y se dirigieron a darle, cada uno, un abrazo a la adorable “doña”, quien los apretaba con fuerza, mientras se le escurrían algunas lágrimas. Unos entraron al baño por última vez y embarcaron.

A Tony, parecía que se lo hubiera tragado la tierra. Paloma echó un vistazo disimulado desde el bote y nada vio, solo a un par de niños despidiéndose de la lancha y a Doña Josefina agitando su trapo de la cocina.  En un punto, hizo contacto visual con Ana y ambas mujeres sonrieron con complicidad. Se acomodó, se abrochó el chaleco y cerró los ojos fantaseando con el huracanado romance que la revolvió hasta dejarla irreconocible. Sin duda, el archipiélago de la Palma, había transformado su vida.

Produced by: Eugenio Zorrilla.

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