Una vez que decide salir rápidamente del pueblo, se encuentra con una lamentable sorpresa.

Viajes Inesperados II

La angustia se apoderaba de Tom, cada minuto que pasaba era como sentirse en una pesadilla sin poder despertar. Una vez que decide salir rápidamente del pueblo, se encuentra con una lamentable sorpresa. Las vías estaban obstruidas y cerradas por militares, quienes llevaban consigo armamentos y mascarillas especiales.

  • Lo siento, pero usted no puede salir de este territorio – decía un militar seriamente.
  • Por favor, déjeme pasar. La verdad solo estaba de paso – responde Tom desesperado.
  • Por órdenes del gobierno está prohibido dejar salir a las personas de este pueblo, hasta que se nos informe lo contrario. 
  • ¡No puede ser! Debe haber alguna solución.
  • Está prohibido permanecer aquí, hágame el favor y se retira.

Tom había comenzado su viaje en Alaska, Estado Unidos, en un principio había pensado llevar directamente su motocicleta desde Europa, pero por comodidad y economía finalmente decide venderla para así comprar una nueva. Nunca había estado tan feliz en su vida, era una mezcla de sentimientos encontrados, ya que era la primera vez que se iba a ausentar por tanto tiempo de su lugar de procedencia. Su sueño, por fin comenzaba y un largo camino lleno de maravillosos lugares y desafíos le esperaban.

Al llegar de nuevo a aquel misterioso pueblo, Tom no tiene más opción que replantear su estadía. En un principio era muy difícil, la desolación, el encierro, además que su vida podría estar incluso en riesgo. Pero algo había aprendido durante todos los meses de viaje, cada persona y cada región con sus particulares características y climas adversos, le enseñaron a adaptarse a diferentes circunstancias y lo más importante, a buscar soluciones para continuar en aquel camino que decidió tomar.

  • Veo que ha regresado señor Tom, se me olvidó decirle que era imposible salir del pueblo – dice la señora del hostal.
  • Por lo visto no tengo más opción, así que tendré que adaptarme a estas nuevas circunstancias. Lo que me preocupa es que estoy totalmente incomunicado, ¿sabe de alguna forma de obtener internet?
  • Como le comenté las redes están inhabilitadas.
  • Bueno. Pienso que lo mejor que puedo hacer en este momento es darme un tiempo para reflexionar y desconectarme de todo, hasta de la tecnología.

Los días trascurrían, las semanas, para Tom era como volver a esos tiempos remotos, los cuales acostumbraba a recordar en los libros que llevaba con él. Libros que se habían convertido en su mejor compañía e incluso a veces, se sentía como si fuera algún personaje de uno de ellos. Era una sensación como si hubiera sido azotado por la guerra, en donde se tenía que estar resguardado, privado de tecnología y a la espera de una noticia que dijera que todo ese martirio se había acabado.

En las mañanas, Tom había decidido empezar a explorar en su motocicleta la parte rural del aquel pueblo casi fantasma, el cual estaba rodeado por una maravillosa naturaleza, con despampanantes montañas, exuberantes senderos ecológicos, acompañados de ríos y refrescantes cascadas. Aunque en el día el clima podría ser cálido y perfecto, en las noches la temperatura bajaba drásticamente.

  • Hola, buenos días. – saludaba Tom, sin recibir ninguna respuesta. Disculpa, acostumbro a madrugar y caminar por este sendero y nunca me había encontrado con alguna persona. ¿cómo te llamas?
  • Me llamo Susana.
  • Mucho gusto. Me llamo Tom. ¿Vives por aquí cerca o en el pueblo?
  • Usted no es de esta región, es un extranjero y yo no debería hablar con usted. Ustedes fueron los que nos trajeron esta desgracia. Muchas personas han muerto por culpa de ese maldito virus.
  • Lo sé y lo siento mucho. Pero yo no tengo ninguna enfermedad.
  • Me tengo que ir. Hasta luego.

En el pueblo, la gente murmuraba sobre la presencia de un forastero que había llegado hace unas semanas. Aunque muy pocas personas se veían en las calles, cada vez que Tom salía a comprar víveres o a caminar alrededor, era notable el recelo y la desconfianza de los habitantes de la región. Lo miraban con desprecio, como si algún extraño estuviera invadiendo su territorio con el fin de causarles daño, además que los casos de contagios seguían aumentando.

  • Yo le recomendaría que evite salir lo más que pueda. Se está murmurando que usted ha llegado a seguir esparciendo el virus. Y las personas están muy asustadas por su presencia. Además, que es peligroso que también se contagie. – decía la señora del hostal.
  • Pero, ¿cómo es posible? Si yo no tengo ninguna enfermedad. Usted más que nadie lo sabe. Quedarme encerrado en el cuarto, es como si estuviera en una prisión.
  • –responde Tom abrumado.
  • Es mi recomendación.

Los días se hacían cada vez más eternos, la impaciencia y los pensamientos negativos empezaron a apoderarse de la mente de Tom. Ya había pasado un mes desde su llegada y estaba perdiendo aquella amarga batalla contra su propia mente. El hecho de estar encerrado le estaba generando una profunda depresión, la cual nublaba totalmente su razón de ser.

Producción: Eugenio Zorrilla.

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