No puede ser, ¿cómo es posible? Si no conozco a nadie en este pueblo.

Viajes inesperados III

Habían pasado casi dos meses desde que Tom se encontró confinado en aquel pueblo. La idea de que todo volviera a la normalidad era muy remota. Los recursos eran cada vez más escasos y la incertidumbre hacia que las personas empezaran a perder la razón, hasta el punto de ser dominados por sus más profundos instintos.

El miedo se apoderaba de Tom, sabía que no era bienvenido y menos en un lugar al que no pertenecía. Por lo tanto, trataba de salir lo menos posible a la calle, tanto para evadir ser contagiando, como para evitar que las personas siguieran murmurando acerca de su presencia.

  • Señor Tom, tiene una visita – Tocaba a la puerta la señora del hostal.
  • No puede ser, ¿cómo es posible? Si no conozco a nadie en este pueblo.
  • Es una señorita de nombre Susana.
  • Ah sí. Por favor, dígale que ya salgo. Gracias. 

Aunque durante su trayecto, Tom tuvo la oportunidad de conocer muchas personas y lugares diferentes, el vacío que le había dejado la ruptura con su novia Christin, era algo que guardaba muy profundo y que no lograba superar.

En un principio, creyó que el hecho de viajar a una región desconocida y poco segura era realmente la causa principal de la decisión de Christin, por lo que Tom pensaba que al regresar tal vez podrían darse una segunda oportunidad. No obstante, una vez embarcado en su viaje, descubre en las redes sociales una foto de ella con su nueva pareja. Una situación que nunca imaginó. Por lo que aquellas metas en común, promesas, sueños, ahora hacían parte de un pasado que nunca más volvería a repetirse.

  • Hola Susana, que sorpresa ¿cómo sabías que vivía en esta casa? – dice Tom con asombro.
  • No es un pueblo tan grande y aunque no parezca, las mismas paredes nos están observando.
  • Es muy cierto, eso he percibido. ¿A qué se debe tu visita? Pensé que habías sido muy clara y que no debías hablar con forasteros.
  • Sabe, me puse a pensar en su situación, en lo difícil que debe ser afrontar una circunstancia como esta y más cuando no se puede recurrir a nadie.
  • Es cierto, los días son eternos, es desesperante, prácticamente estoy incomunicado y no me siento seguro cada vez que salgo a la calle.
  • No es conveniente que nos vean hablando. Si quiere el martes, nos podemos encontrar por la mañana, en el mismo sendero, donde nos vimos por primera vez. Me tengo que ir. Hasta luego.

La amistad entre Tom y Susana, se empezó a fortalecer. Susana se había convertido en el único apoyo que Tom tenía en aquel momento. Sus encuentros se hacían cada vez más frecuentes, tenían personalidades y costumbres tan diferentes, algo que de cierto modo los atraía.  

Por un lado, Susana era la hija menor de una familia de cinco integrantes, una joven inquieta y rebelde, a quien le gustaba explorar su entorno y disfrutar de la naturaleza. Vivía a las afueras del pueblo en una casa campestre con sus padres, personas humildes, trabajadores, quienes vivían de la agricultura.

Para Susana hablar con Tom, era muy emocionante, como explorar un mundo totalmente nuevo, ya que durante su vida no había tenido la oportunidad de visitar otras regiones. No podía creer que alguien fuera capaz de dejar todo, para realizar un viaje tan descabellado.

  • Necesitamos hablar – decía con enfado el papá de Susana.
  • Señor, ¿qué paso?
  • Se rumora que la han visto hablar con el extranjero que anda por ahí en el pueblo, ¿es eso verdad?
  • Sí, me he visto con él un par de veces. Pero no veo cuál es el problema. Él no tiene ninguna enfermedad, es un ser humano como todos nosotros, además que no tiene a quién recurrir.
  • ¡Qué le está pasando! Mientras viva en esta casa está absolutamente prohibido verse con personas no bienvenidas en esta región.
  • Pues no me importa. Me voy de este desagradable lugar.

La tensión aumentaba, al igual que los casos de infectados en el pueblo. Las personas estaban muriendo en sus casas, sin recibir algún auxilio que les pudiera dar al menos un entierro decente.

Desde la última conversación que había tenido con su padre, Susana había decidido escapar de su casa con tal de poder estar al lado de Tom. Se complementaban muy bien y aunque se habían encontrado en una situación muy difícil, sentían como si sus almas ya se hubieran cruzado desde tiempos remotos.

Ya habían pasado varios días y la familia de Susana estaba desesperada, los buscaban por todos los rincones posibles, sin tener rastro alguno de ellos.

  • Tom, ¿sabes algo? – susurraba Susana, mientras lo abrazaba.
  • Dime.
  • Yo sabía que en algún momento ibas a venir por mí. Cada día esperaba tu regreso. Y cuando te miré a los ojos por primera vez, sabía que eras tú.
  • ¿Por qué dices todo esto? No entiendo.
  • ¿No te has dado cuenta? Aquella noche cuando tuviste aquel accidente en tu motocicleta. Te convertiste en un alma más, haciendo parte de nuestra región. Ahora, nuestros cuerpos descansan, podemos crear el mundo que queramos, hasta la eternidad, y reencontrarnos una vez más, de nuevo en otra vida. 

Producción: Eugenio Zorrilla.

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