Tres cuartos de hora antes, Gabriel, me había encontrado leyendo en la cafetería del club

Volando Liviano

Por: Maria Ardila

Bogota, Colombia

(Primera Parte)

Estábamos listos para despegar, el experto piloto con dieciocho años de experiencia volando ultralivianos, y también profesional de vuelo en aviones HK (los comerciales) y yo.

Después de revisar minuciosamente, entre otras cosas, el buen estado de las alas, de los tubos de gasolina y de las llantas de su aeronave; ingresó a la cabina del aparato biplaza, Gabriel Coppec, un apasionado por la aviación, que desde su juventud encontró el gusto por volar. Yo subí un par de minutos más tarde, luego de tomar algunas fotografías.

Una vez adentro, el piloto tomó una tarjeta plastificada con una serie de pasos de seguridad, el chequeo pre-vuelo, que debía cumplir al pie de la letra antes de encender el motor. Acto seguido, se ajustó el cinturón de seguridad, después el mío, revisó todos los niveles del avión, incluido el de la gasolina, los seguros de las puertas, y se colocó unos audífonos que le permitirían comunicarse conmigo (su copiloto) y la torre de control. Prendió el motor, habiendo pedido autorización para el despegue al aeropuerto Guillermo Vila, de Puerto Paloma.

El avión atravesó el recorrido de la pista del Club Aero Cóndor, e inició el decolaje. En pocos minutos, empezamos a divisar la más espectacular vista a mil pies de altura: una parte del valle del río Guacamayas y sus sembrados, las cabezas de ganado, las carreteras, y las montañas. A pesar del ruido del motor experimental, qué paz se sentía allá arriba.

El aparato azul de aluminio de casi 200 kilogramos de peso, se deslizaba con soltura entre las suaves corrientes de aire y las nubes, de ese perfecto día soleado de sábado; mi primero en un ultra ligero.

Tres cuartos de hora antes, Gabriel me había encontrado leyendo en la cafetería del club, mientras esperaba para entrevistar al director sobre un accidente reciente, que había cobrado la vida de un novato. El periódico donde trabajaba estaba decidido a investigar sobre unas posibles irregularidades, que supuestamente sucedían en el centro aeronáutico, de carácter privado, y yo era la encargada de sacarlas a la luz.

El hombre, de estatura mediana y pelo canoso, entró al recinto riendo a carcajadas y haciéndole bromas a uno de los trabajadores del lugar, quien, a su vez, le contestó con una aún más graciosa. Ante tal algarabía, no pude evitar apartar mi mirada del libro.

<< ¡Buenos días, Blanquita!>>, dijo dirigiéndose a la sonriente señora detrás del mostrador. Le pidió un café americano, fuerte, sin azúcar y se dirigió al tipo con el que estaba, << ¿Qué se va a tomar hoy, mi don?>>

<<Gracias, don Gabriel, no se moleste>>, dijo el menudo hombre que lo acompañaba.

<< ¡Ay Pedro! No me venga a decir que se volvió tímido, siete años después de conocernos.>> <<Blanquita, dele una cerveza al caballero, por favor>>

El hombre se rio. <<Gracias don Gabriel, solo le acepto porque se acabó mi turno>>

<<Buenos días jovencita>>, ¿<<Está buena la lectura? Mucho gusto, soy Gabriel Coppec>>, dijo extendiéndome, su mano.

<<Mucho gusto, soy María. Sí, está entretenida>> contesté, sonriendo y saludando a los dos hombres.

<<Te tomas una cerveza también?>>, me preguntó.

<< ¡No Señor, muchas gracias!, tengo una reunión con el director, lo estoy esperando>>, repuse.

<< Don Julio, está demorado. Acaba de llamarme que se le presentó una eventualidad >>, me dijo el trabajador.

<<Ay no puede ser! Y no me avisó>>, contesté un poco seria.

<< Esas no son penas!, mi partner de vuelo me acaba de cancelar. ¿Has volado en estos aparatos alguna vez?, te invito>>, dijo Gabriel, queriendo animarme por mi cara contrariada, y señalando uno de los aviones pequeños estacionados, afuera.

<< ¡No! ¡Jamás, me da un poco de susto!>>, dije.

<<Noooo por qué susto?>>, indagó, el simpático hombre.

<<No sé, se ven tan… enclenques>>, confesé.

<< Aaay! Pedro se va aponer a llorar aquí mismo>>, dijo el hombre carcajeando.

Me reí.

<< Pedro es el encargado de que estos aviones, brillen, se luzcan, surquen por los aires con seguridad y garbo>> , añadió, con orgullo.

<<Gracias don Gabriel. Así es señorita, no tiene nada que temer, trabajo en el mantenimiento de estos aviones hace casi veinte años, y este es uno de los mejores pilotos del Club>>, repuso Pedro señalando al veterano.

<< UNO de los mejores?>>, <<No mijo, devuélvame esa cerveza>>

<<Corrijo, EL MEJOR>>, enfatizó. Los dos hombres rieron divertidos.

Les sonreí y no pude evitar preguntarme, en silencio, si él le habría hecho también el mantenimiento al avión accidentado, hacía exactamente catorce días.

Ya lo averiguaría.


Por: Maria Ardila

Bogota, Colombia                        

Journalist , Eng-Spanish, Spanish- Eng, Translator

Graduated in Social Communication and Journalism with over 10 years of experience in leading groups of people. Expert in customer service, teaching, sales and marketing. Im very good with languages, (Native spanish) Professional English and Intermediate brazilian portuguese.

Produced by: Eugenio Zorrilla.

Todos los personajes son ficción. Cualquier semejanza con individuos reales, vivos o no, es mera coincidencia.  All characters are fictional. Any resemblance to real, existing or not, individuals is purely coincidental.

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