Por qué no más bien tomas la palanca de mando, que yo ya me cansé.

Volando Liviano

Por: Maria Ardila

Bogota, Colombia

 (segunda parte)

El avión seguía meciéndose con suavidad, salvo algunos momentos en que se zarandeaba, cómo si algo lo aspirara con fuerza desde arriba, dándome una sensación de vértigo que me hacía girarme a chequear con el piloto, a ver si estaba todo bien.

Gabriel, intuyendo mi preocupación, me tranquilizaba por el intercomunicador, <<Se sienten las corrientes ascendentes de aire, ¿verdad? No te preocupes que son normales. De vez en cuando un sacudón, alegra el corazón>> y me sonreía.

Yo le devolvía el gesto. Me parecía un hombre muy agradable y me recordaba a mi abuelo.

<<Gabriel, me gustaría preguntarte algo>>, le dije, alzando bastante mi voz por el ensordecedor ruido del motor.

<<Consulta lo que quieras jovencita, pero no me grites que no estoy sordo>> contestó riéndose.

<< Qué sabes del accidente que hubo hace dos semanas?, ¿El de Isaac Suárez? >>, pregunté.

<< El joven aprendiz de vuelo…>> replicó. <<Conozco todos los detalles. Pero por qué me preguntas en este momento. ¿No te gustaría disfrutar del vuelo y del paisaje jovencita?>>

<<Supongo que sí. Cuando aterricemos te recuerdo para que me cuentes, si no te importa>> dije con amabilidad.

<<Bueno, Sherlock Holmes>>, respondió el hombre, en tono divertido.

<<Por qué no más bien tomas la palanca de mando, que yo ya me cansé. Necesito estirar mi hombro artrítico>>, me dijo el hombre.

Solté una carcajada.

Con la cara más seria que le había visto en las dos horas que llevaba de conocerlo, me dijo, <<Es de verdad, para eso eres el copiloto, mira lo sencillo que es>> Y empezó a explicarme sin poder yo creer que iba a pilotar un avión, en contra de mi voluntad.

<< Mira, toma la palanca que tienes enfrente de ti, suavecito, ¿no?>>, me dijo.

Yo tragué saliva. ¿Este tipo se había enloquecido? Cuando acabó de “explicarme” ya había soltado la suya, empezado a estirar sus brazos y nuestra vida dependía de mí; una periodista, que trabajaba en un periódico. Bonita aventura me había conseguido ese sábado.

Sentí como empecé a sudar frio. Y Coppec, fresco como la mañana, solo atinaba a hacerme una seña con su mano para que le bajara a la fuerza. Ni siquiera hacía el esfuerzo por hablarme, para darme instrucciones.

<<Así? Gabriel, por favor, dime.>> pregunté con un dejo de angustia en mi voz.

<<Así vas perfecto. ¿Ves? Suavecito>>, me dijo, mientras miraba por su ventana de plexiglass.

Yo ya había empezado a sentir un gran espasmo en mi espalda, cuando el viejo retomó el mando.

<< ¡Muy bien María!, ya casi te gradúas>>, me dijo con un encantador cinismo.

Yo, lo quería matar. Me dejó pilotando el avión algo más de diez minutos. Wow, me estaba dando cuenta de lo que acababa de hacer.  << ¿Y si le da un infarto aquí mismo? ¡Ay Dios, no!, calla, María>> pensaba mi parte más “optimista”.

De un momento a otro empezamos a descender, fue una bajada brusca y se sintió como bajar un piso de un edificio de un golpe.

<<Corriente de aire?>>, le pregunté, afanada.

<< Si señora!>>, repuso.

Decidí relajarme y disfrutar la vista, ya sabiendo que todos esos movimientos inesperados eran parte del paseo.

Empezamos a descender más y más. Se me hizo extraño porque Gabriel había mencionado minutos antes, que daríamos la vuelta para regresar a la pista del club.

<< Vamos a saludar a unos amigos>>, dijo el hombre maniobrando la palanca que tenía al frente.

El avión se movía bastante.

Se veía un gran campo abierto por debajo de nosotros, pero yo no veía ninguna pista. Seguí viendo las vaquitas <<Qué lindas se ven>>, pensé.

<< Agarráte bien María, que vamos a aterrizar >>, me dijo el hombre aferrado a su palanca, con las dos manos.

El avión tocó el suelo con brusquedad y rodó varios metros, por lo que parecía un pastizal empantanado.

Nos sacudimos con fuerza, mientras las llantas daban saltos en el tierra, y parecía que se iban a salir. Finalmente, una se dobló y el avión se detuvo en seco.

Atónita, volteé a mirar a Gabriel y supo abrir su bocota para decir: <<Velocidad y altura conservan la dentadura>>. <<Me alegra María que disfrutaste del paisaje mientras yo planeaba porque se nos empezó a apagar el motor. Y doy Gracias a Dios también que no te hayas dado cuenta porque no he aprendido a manejar a un copiloto con ataque de pánico>>

<< ¿QUÉEEE QUÉE?>>, grité descompuesta.  ¡Pero ya Gabriel había abierto su puerta y vi cómo se acercaban tres niños corriendo, mientras gritaban, << Mamá!! Ven!! Es Don Gabriel>>

El hombre, se bajó y empezó a caminar con la parsimonia del maestro “Yoda” y los saludó con un abrazo. Los niños estaban felices y yo todavía no me reponía.

Se devolvió a abrirme y me dio la mano para bajar. Me temblaba TODO.

<<Eres el mejor copiloto, María. Quedas contratada>>, me dijo con una sincera sonrisa.

<< ¡Doña Rosa!>>, gritó Gabriel agitando su brazo. <<Aterrizaje forzoso>>, añadió soltando una carcajada. << ¡Yo le repongo el arrozal!>>

Caminé como pude detrás del veterano piloto, que a decir verdad había salvado mi vida, y entramos a la casa de doña Rosa. Gabriel y la señora se dieron un cálido abrazo, y la anfitriona nos ofreció el mejor café que me he tomado (Desde ese día aprendí a tomarme el café oscuro, sin azúcar).

<< Leopoldo, rescáteme por favor donde doña Rosa. Tuve una falla mecánica. Cero bajas afortunadamente. ¡Mi copiloto, de primera!>>, dijo Gabriel a uno de los trabajadores del club aeronáutico.

Por: Maria Ardila

Bogota, Colombia                        

Journalist , Eng-Spanish, Spanish- Eng, Translator

Graduated in Social Communication and Journalism with over 10 years of experience in leading groups of people. Expert in customer service, teaching, sales and marketing. Im very good with languages, (Native spanish) Professional English and Intermediate brazilian portuguese.

Produced by: Eugenio Zorrilla.

Todos los personajes son ficción. Cualquier semejanza con individuos reales, vivos o no, es mera coincidencia.  All characters are fictional. Any resemblance to real, existing or not, individuals is purely coincidental.

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