Aunque el padre no llegó a ocupar el mismo rango del capitán pirata

El Harpa

Por: Simon Cartagena

 Medellin, Colombia 

—Camaradas! ¡Caballeros! ¡Hoy no será el día en que demos al traste! —Gritaba a voz tullida el capitán Mazatlán. Quién a diferencia de muchos otros capitanes piratas tenía una vocación por mantener la formalidad en su nave. Solía decir —¿Pero qué tipo de tripulación seríamos si el terror que instauramos en las navecillas se apoderara también de la nuestra?! ¡Aquí mando yo! —Y es que su padre fue miembro de la flota naval de la corona, así que menuda educación habría recibido si no quisiera seguir su ejemplo profesional.

Pero, así como había servido a la corona, había muerto sirviéndole, y los escasos diez años que Mazatlán compartió con su padre habían sido suficiente para dejar una marca en el capitán. La rectitud que demostró su padre, el contramaestre, había sido escrupulosa.

Aunque el padre no llegó a ocupar el mismo rango del capitán pirata Mazatlán, sí había sido un hombre que exhibía extrema aplicación. —Muchacho, si te comportas como un capitán no tienes que esperar a ser nombrado para ocupar el cargo— Y la misma actitud tomó el joven Mazatlán de allí en adelante. Desde ese, el día en que su padre murió luchando por la corona y en el que su madre desapareció a manos de esta.

Su madre quien había sido símbolo de independencia y fortaleza. Soportando las inseguridades que vienen acompañadas de un matrimonio con un fiel marino de la corona y la responsabilidad de criar un niño por su cuenta. —Y es que los marineros pasan años navegando. —Le decía su madre cuando el pequeño se angustiaba por la falta de presencia del padre. Ese camino la había llevado a ser la mujer fuerte e independiente que le demandaba la crianza del niño.

De esta forma, con el ejemplo de su padre en la cabeza y la imagen de su madre en el corazón dirigía la nave el capitán Mazatlán.

Con vehemencia volvió a rugir —¡Contramaestre Cirilo, girar a estribor cuando estemos paralelos con la nave enemiga! — Se encontraban ad-portas de comenzar el combate. Los vientos soplaban intensamente, con reboleones que hacían alterar el curso de ambas naves. Obligándolas a tomar cursos paralelos y prontamente poniéndolas una en frente de la otra. Momento en el que ambas tripulaciones se dispondrían a abrir fuego libre. Pero el capitán Mazatlán tenía otros planes.

El Harpa estaba posicionada a estribor y a metros detrás del navío enemigo cuando el capitán le hace saber a su contramaestre —¡Cirilo, a mi señal! —El viento soplaba una vez más con una ventisca estremecedora, posicionando ambas embarcaciones de forma casi perfectamente alineada. —Ahora patán! ¡Ahora! —Gritaba el capitán. Las velas bajaban y subían, y las toldillas giraban. El navío tomó un giro extravagante y brusco hacia estribor mientras el capitán, sujeto a su timón parecía inmutable.

Se escuchaban a escasos doscientos metros los estallidos frenéticos de los cañones enemigos. Y de inmediato eran seguidos por los zumbidos de los balines, los cuales pasaban a centímetros del casco del Harpa que se exponía debido con el giro agresivo de la nave.

Increíblemente el barco hizo un giro a estribor perfecto y con ayuda de una borrasca que venía en la dirección perpendicular a su curso original lograba quedar apuntando con un ángulo de 45 grados con respecto al babor del enemigo.

—Abrir fuego! —Y ahora eran las voces del Harpa las que bramaban, pero esta vez no habría zumbidos. Sólo el sonido de madera rompiéndose.

Siempre se había rumoreado que Mazatlán tenía comunicación directa con el viento del navegante, que hablaba con el aire. Esta no era la primera vez que lograba salir de una situación adversa gracias a un repentino e inesperado soplido del viento. Pero eso eran sólo cuentos de sirenas.

Tras la batalla, como siempre, llegaba el saqueo. El Harpa no conocía la derrota en más de cien enfrentamientos en altamar y este no era la excepción.

Se lanzaron los ganchos sujetos con cuerdas en dirección al buque derrotado. Halando de ellos, los piratas lograban posicionar ambos navíos de forma que tocaran sus costados, y acompañados de su capitán saltaron al barco enemigo. Mientras que los hombres tomaban prisioneros, Mazatlán observaba las caras de los marineros que se rendían tímidamente ante la fiera actitud de la tripulación pirata.

Después de una breve examinación de los marineros arrodillados el capitán decide que no reconoce a nadie entre los prisioneros. En sus últimos dos saqueos creía haber visto al mismo hombre en ambas embarcaciones. Un hombre no mucho mayor que él, con barba blanca, y una expresión amable en su rostro. Nunca había visto a este hombre y ahora se volvía amo de sus pensamientos. Un segundo estaba allí y al siguiente no lo encontraba.

Con un giro hacia las escaleras, el capitán da la orden—Ejecútenlos — y procede a bajar hacia el vientre de la nave acompañado del contramaestre y los alaridos de las armas a su espalda. Mientras su figura desaparecía en la oscuridad del vientre de la nave, Mazatlán pensaba en las sombras que parecían cubrirlo más cada día.

Una vez en el centro del barco, el capitán y el contramaestre abren la puerta de la bóveda en donde encuentran más oro del que han robado en todos sus combates previos combinados —Contramaestre, esto va a ser un problema. — dice el capitán, a lo cual responde el ingenuo con voz altiva —Al contrario, capitán, somos millonarios—

Por: Simon Cartagena

Bachelor of Engineering (B.Eng.), Industrial engineering | Escuela de Ingeniería de Antioquia

Procuccion: Eugenio Zorrilla.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s